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Mostrando las entradas etiquetadas como Historias en el metro

Historias en el metro V

Más que una historia en el metro, lo de hoy es una historia en el tren, pero no deja de ser un trozo de realidad dentro de un vagón de un medio de transporte ruidoso y claustrofóbico que da igual cual sea, porque esto va sobre lo que viven las personas dentro de él y de lo que yo observo en ellas. Había una chica hoy hablando por teléfono con alguien sobre algo que le había pasado en el trabajo. No iba yo prestando mucha atención, primero porque no soy cotilla y segundo porque iba respondiendo a mis propias conversaciones y contando mis propias movidas. Pero lo poco que capté es que todos los que estaban en su trabajo habían quedado para comer porque alguien se iba (no sé si de la empresa o si de vacaciones), pero que nadie le había avisado a ella.  Por lo visto, trabaja en un departamento aparte, "lejos" del resto, y, además, está ella sola allí. Y nadie le dijo nada. Por lo visto, también, ha pillado a gente hablando mal sobre ella a veces cuando va a tomarse el ca...

Historias en el metro IV

Si hay algo que me gusta mucho, es ver a los desconocidos sonreír. Ver a los desconocidos sonreír y sonreír con esa sonrisa. Miro a mi alrededor, veo a alguien estudiando y pienso "ojalá el examen te salga bien". Lo deseo de verdad. Lo deseo con mucha más verdad que cuando es para mí. Para mí no me deseo nunca nada. Y menos de verdad. Se para el metro, se abren las puertas y entra el amor de mi vida: un chico muy guapo, con barba, pero cuya apariencia ni siquiera recuerdo. No sé, tan amor de mi vida no creo que fuera. Solo sé que estudiaba ingeniería de carreteras porque lo apunté. A mi lado, a la derecha, hay una chica haciendo tests de conducir. Pienso "esa debería ser yo". Luego vienen las preguntas de si me veo conduciendo; y la respuesta: no. Unos asientos más allá, a mi izquierda, hay un hombre un poco inclinado leyendo un libro muy grueso con las páginas muy finas. "A mí se me romperían", pienso. "A mí se me romperían porque so...

Historias en el metro III

Hoy cuando he subido al metro, había una chica sentada en el suelo del vagón. A veces tienes que mirar desde abajo para observar lo que pasa en el mundo. Otras, solo estás cansada y no hay sitios libres o simplemente te es más cómodo trabajar desde ahí. Se llamaba (se llama) Sara y esto lo sé porque tenía un cartelito colgando del cuello que lo indicaba, porque era nosequé social o algo así. En ese momento me hubiera gustado ser esa chica, me hubiera gustado ser Sara. Alguna que otra vez he sido Sara en alguna de sus formas. Sara leía, hacía deberes de inglés y escuchaba música. Y me miraba. Y su mochila no era una mochila normal. Y yo imaginaba a Sara en su trabajo, a Sara en sus clases de inglés, intentaba imaginar qué libro estaba leyendo y si lo haría por gusto o medio obligada u obligada del todo. ¿Qué leías, Sara? ¿De qué era esa mochila? Porque no podía ser para ir a clase o para trabajar. ¿O sí? Por tu forma de vestir y por tu mochila diría que te gusta la escalada. Te ima...

Historias en el metro II

Vas en el metro volviendo de la universidad como cualquier día, como todos los días. Te sujetas a una de las barras de agarre que está frente a una de las puertas del vagón a pesar de que hay sitios libres porque se los quieres ceder a otras personas que a lo mejor los necesitan más que tú. Y eso que tú vas a un sitio que está lejos, pero has estado sentada toda la mañana y por el momento no te apetece hacerlo más. Las puertas siguen abiertas. ¿Cuántos minutos han pasado ya? ¿Es que el metro no se va a poner en marcha? ¿Cuándo piensa sonar el pitido ese de los cojones que indica que las puertas se están cerrando? Ah, por fin. Por fin está sonando, pero todavía no se están cerrando para siempre, se pueden abrir otra vez. Y viene gente. Viene gente que cree que se le va el metro y por eso corre, pero el metro sigue ahí parado. Y tú te planteas darle al botón, adornado con una luz verde que indica que aún pueden abrirse las puertas, para facilitarle la entrada a esa gente. Pero n...

Historias en el metro

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Echaba de menos escribir sobre sucesos reales y no sobre sentimientos tontos y absurdos a los que no les sé dar más explicación que estas palabras que están por aquí de vez en cuando. Sentimientos que, afortunadamente, no llegáis a captar del todo o nada. La historia de ayer tuvo lugar en el metro por la mañana. Oí sin querer un trozo de una conversación que estaba teniendo lugar justo a mi lado. Los que hablaban eran un chico y una chica que compartían barra de agarre conmigo y, bueno, parecían buena gente. Ella mencionaba que nunca había tenido amigos como tal, que nunca los ha tenido (le hizo la aclaración al chico de que hablaba exceptuándole a él), que siempre en el instituto y en el colegio la gente había quedado sin ella. A mí me entraron muchas ganas de decirle: "Hola, soy Andrea y a mí sí me gustaría ser tu amiga". Pero volvemos a lo de siempre, a aquello que ya comenté una vez: no puedes acercarte a cualquier persona y presentarte sin más y menos decirle esto. A...