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Mostrando las entradas etiquetadas como Poesías

El mes de la melancolía

Noviembre está triste por ti como lo estoy yo El mismo tiempo que me tritura la cabeza me tritura el corazón Lo aprieta entre los puños, haciendo que supure sangre Una sangre oscura, espesa, pesada Una sangre cargada de dolor y de pena Una pena que, me temo, no desaparecerá nunca Una vez osé escribir que noviembre es el mes de la muerte Qué vergüenza por mi parte ver y comprobar que ahora se hará realidad esa profecía Una muerte que me perseguirá toda la vida Porque siempre vivirás en mí En este corazón que no sé cómo es capaz de guardar más tristeza Remendado del mismo modo que remiendo los calcetines, de mala manera Noviembre es un mes frío, despiadado Engaña porque está rodeado de ilusiones De un otoño colorido, de un invierno iluminado De risas y de llantos, normalmente alegres Pero esta vez son tristes, como tristes son mis ojos Como triste está mi mente Tengo un miedo atroz a no recuperarme nunca de esto y ni siquiera ha pasado todavía Pero lo que de verdad me aterra es no acorda...

the death of springtime

flowers in my ribs fire in my bones I try to sleep at night thinking of your tongue 'You don't deserve to die' you said tonight 'You don't deserve to love' is what you talked fire in my ribs flowers in my thoughts I tried to sing one day, I saw a lot of wolves 'They think I'm beautiful' I said to you 'They think I'm useful' is what I thought

Poema inacabado

Tienes los ojos negros como cuando el corazón se pudre, y nos separa un hilo tan fino como el que cae de sangre de tu boca (porque te he apuñalado) cuando hablas. Las tormentas se vuelven hormigas a tu lado, con ese corazón tan roto que ya no hace «tic-tac» (error mío por creer que es un reloj), que se ha parado.

Te lloro

Te lloro como a un muerto de vez en cuando,  como si me hubieras arrancado el corazón, como si te lo hubieras llevado con el pulmón izquierdo, y las costillas tal vez. Te lloro como si me hubieras dado solo vida y no también muerte, como si pudiéramos volver a existir, como si una parte de mí estuviera siempre contigo. Te lloro como si algún día se pudiera recuperar el ave fénix de las cenizas, como si al cortar una cabeza, salieran dos, como si me quisieras (destruir) de nuevo. Como si me hubieses querido alguna vez, te lloro.

Las perlas para las ostras

Saturno devoró a sus hijos, pero no una vez ni dos, sino infinitas. Se tragó las estrellas, las escupió y te las clavó en los ojos. "Para que tengas algo de luz", te dijo. "Para que sientas que tienes algo que brilla". (Porque en realidad no vales nada). Oculto a los ojos de los grandes, le miraste a los suyos y dijiste: "Padre, yo no quiero estrellas, quiero mares. Los ojos me lloran, no quiero brillar jamás". Lo desafiaste, te enfadaste y gritaste. Y nos ahogaste a todos en el azul.

como puñales

los pétalos de rosa se caen al suelo porque están muertos y el agua del río acaba arrastrándolos como cadáveres olvidados, como si nunca hubieran existido porque quién piensa en pétalos muertos cuando tiene flores vivas quién piensa en el sol ardiendo cuando la nieve pisa ni siquiera te preocupan las arañas que pisan poco a poco tu garganta —tu ataúd— ni siquiera las lombrices que se están comiendo tus entrañas lo de dentro nunca te ha importado lo de fuera, casi menos pero da igual, porque ya nada tiene sentido ya nada necesito porque te has ido

Mis venas son de color púrpura

He borrado todas mis caras para poder mirarme en el espejo y decir "Yo no soy esa". Como si el hecho de darle a "Delete" me diera más poder sobre mí, sobre el púrpura de mis venas. He viajado al pasado y me he dado cuenta de que "Yo no soy esa". Tampoco recuerdo si lo fui y eso es lo que me da más miedo: que el púrpura se vuelva azul, y que el azul se torne en gris. Porque gris es la piedra, gris, la tristeza y gris es la muerte. Y en la muerte no sirven las venas.

El cementerio

Recuerdo cuando me miraste asustado y dijiste "Vámonos de aquí". Recuerdo cuando tus dedos huesudos atraparon mis manos y dijiste "Vá-mo-nos-de-a-quí". Quise pensar que no lo decías en serio; que las tumbas estaban cerradas, dijiste. Que no había peligro, dijiste. Recuerdo cuando aún me mirabas, asustado, y no decías nada. Y es que nunca dirás nada. Los muertos te cortaron la lengua.

La primera vez

Cuando me ducho y pienso en la vida y en la muerte, {Y en la muerte} me pregunto qué sintió la primera persona que pensó que nuestra existencia valía para algo. Quiero decir, no es como si de repente nuestro cerebro se despertara, {Se despertara y preguntara} y preguntara por qué estamos vivos: si hay una razón. Y yo sólo sé que la primera vez que pasó eso fue la más difícil, que el torbellino vino después, {Yo sólo sé} que fue consecuencia de la primera vez.

Caelifera

Llenos de Don Nadie está el mundo y tú  te creías especial por serlo sin serlo. Ah, iluso saltamontes  aplastado contra la ventana. Que tu aliento me corroe por las noches. Que ya no vuelo  j u n t o  a ti.

Envidia de plata

Allí arriba en la ladera hay una muchacha que no está muy entera, pues la Luna le ha partido el rostro para hacerse con unos labios y unos ojos. Y ahora que la Luna puede vernos, sabrá todo lo que le ocultemos. Y susurran nuestras vidas los hierbajos; y susurran nuestras vidas porque pueden. Que tú haces, que yo miro; que tú sueñas, que yo río; que tú saltas y yo lloro; que tú mueres, quieto y solo. Y la Luna baja como una araña porque quiere tus entrañas. Y ahora que la Luna siente, llora. Y ahora que la Luna siente, está rota porque ha roto a dos extraños. Y la pena es que no tiene manos para acariciar tu cara, para arrancar tu calma, para sentir de nuevo. Y es que todo esto es adictivo, el matar y el sentir y todo junto; y yo me escondo entre los juncos porque los escombros ya no existen.

En un mar de estrellas

Ves las telas, la estela, frente a ti. Ves los hilos, delgados, insanos, marchitos, malditos. Ves la manta, en tu mente, es tu meta. Pero desechas la idea cuando deshilachada suspira que quiere ser abrigo, que quiere pegarse más a ti. Y la coges, te la acercas y la hueles. Y la miras con tristeza sabiendo que es su fin, pero no para siempre porque dará comienzo a otra cosa totalmente distinta, pues llevas guardando estrellas desde que estuviste allí. Miras al cielo y recuerdas cuando trotaste en sus nubes, cuando robaste su aliento, sus astros, sus sueños. Y los bajaste a la tierra en forma de cofre con algo dentro: con corazones de rayos y lágrimas de truenos. Tejes y tejes las tejas del tejaroz que se caen y se rompen en trozos pequeños de alma y lanzan su último aliento en forma de suspiro temblón. Y sabes, por desgracia, que da igual lo que intentes hacer, que la lana está podrida, que has vertido vino en el mantel. Que las flores ya no huelen y la bufanda te ha ahogado si...

No tengas miedo

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Entra.  No hace falta descalzarse para no hacer ruido. Solo entra. Da dos pasos, dos golpes en la puerta, dos pasos. Entra. Carraspea sigilosamente, sonríe cortésmente. Solo entra. Deshazte de tus errores en la puerta, deshazte en la puerta. Entra. Ven.

Luz, por favor

Somos bombillas rotas, Cortantes, Sangrantes, Delirios Y gritos. Somos cactus del desierto Que han bebido mucha agua Y se desbordan hacia el suelo Y sonríen hacia el sol, Que ciega y mata. Y muere. Como nosotros.

Cáscara de huevo

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Crees que todo es lo mismo. Que todo se repite. Que caes al vacío. Y caes y caes y caes. Crees que le importas a alguien. Que estará ahí. Que vive por y para ti. Y caes y caes y caes. Crees que crees. Quieres creer que quieres creer. Y caes en que caes. Y caes y caes y caes.

Suicidio inmortal

Y la chica de las caderas desnudas con su hermosa decadencia arrastraba sábanas de lino entre huesos y torturas. Pues no hay tormentas ni lagos que no aguarden sus besos. Ni destellos fantasmales que no sonrían a su paso. Curvas sin frenos, labios heridos. Aquella piel tostada y esos ojos malditos. Navegan sin rumbo hacia el destino dibujando espirales en el tiempo. Y con ritmo, muy lento, callan heridas y lamentos. Compás descompasado y pesado sin nombre más que el de un tic-tac. Inmenso océano de palabras lanzadas al espacio como gritos de socorro. Y tú, que aguardas, paciente, al eterno sino y no llega. Que siempre viene tarde y te has cansado de esperar.

Romance de la infanta jorobadita

Hoy quería compartir con vosotros esta poesía que más de una vez (y de dos y de tres) me ha recitado mi abuela materna. Para ella es muy especial porque su hermana, quien murió muy joven, llamó una vez a la radio para recitarla. A mí personalmente me pone los pelos de punta. A ella también. Y no pretendo que a vosotros os pase lo mismo, pero si eso ocurriera, sería maravilloso. Simplemente necesitaba que esto estuviera aquí, en mi blog, que formara parte de mí. Dice así: Romance de la infanta jorobadita Hila, hila, que te hila, hilaban las dos infantas. La mayor, hilos de oro la segunda, hilos de plata. La más niña de las tres se distraía y no hilaba. Sobre el faldellín de raso ociosa la mano blanca, los ojos claros perdidos más allá de la ventana, en la noche, toda llena de estrellas y luna clara. Con la sonrisa en los labios la miran las dos hermanas. Como era jorobadita todos la menospr...

Verborrea inenarrable

Eres como una brisa cálida, que ahoga y asfixia, que mata sin piedad y sin mirar atrás. Una rata de alcantarilla, de esas que apestan y transmiten enfermedades. El lodo que se queda pegado en la suela de los zapatos al pisar después de que ha llovido. Eres verbo, pronombre y conjunción, todo a la vez, todo seguido, sin pausas ni encantos. Una sonrisa perdida en un baúl encerrada, sin prisa, callada. La hora perfecta para degustar té y pastas. Eres aquella colilla apagada en el cenicero, aplastada hasta la muerte convertida en cenizas. Un vestido de verano en pleno invierno, de esos con los que te acatarras. El maullido de un gato que pide comida sin ser oído. Eres autodestrucción, hipérbole hecha persona, injusticia remarcada. Un libro lleno de tachones, suspiros y manchas de café; qué mas da, si no se entiende. La varita inútil de una bruja a la que le han quitado los poderes. Eres humano, una cosa inservible, llena de cicatrices, heridas y penas. Un objeto abando...

Deseo de urgencia

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"Dulces sueños", me dijeron. Y al jardín de las delicias condujeron. "Sueños rotos", concluyeron. Y aun así no me advirtieron que el amor callando muere cuando no lo mata alguien primero. ¿Y qué dijeron? ¿Qué dijeron? Ni yo sé siquiera si me entero. Demasiadas voces para tan pocas palabras. Demasiadas coces en tan pocas horas. Y muriendo me hallo. Cada día, cada hora. Derrota compartida  y éxitos malgastados. Llantos que derivan de sonrisas. Llantos que me añoran. Y yo sin prisa.

¿Y qué?

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¿Qué le pasa a la vida, que vive amargada? Con llantos y penas, con noches muy largas. Y el niño que implora, llorando, perdón. Y el alma que vive en una canción. Ni de tristes promesas puedo salvarte. Atrapado te hallas sin poder ayudarte. Y yo... aquí estoy. Sin más. Si no sabes de virtudes, no hables de defectos, pues más vale el silencio que palabras rotas. Más vale el pensamiento esquivo, que si no el alma llora. Nadie quiere eso. Todo aquello que dijimos suena más lejano  que las piedras que tiramos, que los ríos más apartados. Más vacío que yo misma, que no duermo por las noches ni de día. Ni tan siquiera pienso, siento o lo que se te ocurra. Ni tan siquiera sueño, ni como, ni vivo. Respiro por mera costumbre, desganada hasta para ello. ¿Ganas de vivir? Sí, póngame unas, pagaré lo que sea. Ni siquiera a mí me vale eso, no tengo dinero, ni virtudes, pero sí defectos. Ni la muchedumbre me entiende ni sé si quiero entenderlos....