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¿Y qué?

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¿Qué le pasa a la vida, que vive amargada? Con llantos y penas, con noches muy largas. Y el niño que implora, llorando, perdón. Y el alma que vive en una canción. Ni de tristes promesas puedo salvarte. Atrapado te hallas sin poder ayudarte. Y yo... aquí estoy. Sin más. Si no sabes de virtudes, no hables de defectos, pues más vale el silencio que palabras rotas. Más vale el pensamiento esquivo, que si no el alma llora. Nadie quiere eso. Todo aquello que dijimos suena más lejano  que las piedras que tiramos, que los ríos más apartados. Más vacío que yo misma, que no duermo por las noches ni de día. Ni tan siquiera pienso, siento o lo que se te ocurra. Ni tan siquiera sueño, ni como, ni vivo. Respiro por mera costumbre, desganada hasta para ello. ¿Ganas de vivir? Sí, póngame unas, pagaré lo que sea. Ni siquiera a mí me vale eso, no tengo dinero, ni virtudes, pero sí defectos. Ni la muchedumbre me entiende ni sé si quiero entenderlos....

Números

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Somos códigos de barras encaramados a árboles de cristal, de tejas y de hierro. Somos monstruos criados por nosotros mismos en un intento de ser mejores personas, pero sin éxito. Somos lavadoras a punto de centrifugar. Somos bombas a punto de explotar. Jamás pensamos, ni decidimos ni caminamos. Todo está escrito, planeado, todo ha sido pensado. Ni dirigimos, ni coordinamos, ni obsequiamos, ni siquiera observamos. ¿Para qué? Ojos que no ven, corazón que no siente . Si no, ver, oír y callar . Y punto. Robots ladrones de pensamientos y trovadores del sentido de la vida. Verborrea incandescente y gemidos en el viento. Y en el tiempo también. ¿Qué estoy diciendo? Nada en absoluto y todo a la vez. ¿Te has encontrado? Porque yo no, ni a ti ni a nadie. ¿Para qué? Si más vale estar solo que mal acompañado . Si no, todos saben que dos son compañía y tres son multitud . Y punto. Punto, coma, punto y coma, ¿qué más da? ¿Acaso importa? Jirafas observantes y...

Tonight...

Todo empezó un domingo por la tarde cuando mi sangre ya no sabía a mar. Ni siquiera imaginaba ya su risa, quizá porque era lo que debía pasar. Yo lo agradecía, sí, el dejar todo atrás, empezar de nuevo en todo y no volver a mirar. Pero qué fácil había sido, ¿no? Ni siquiera me costó. Ni siquiera una lágrima. No me reconocía y eso me asustaba. ¿Cómo cambia la gente tan de repente? Bueno, es una tontería que me pregunte eso de mí misma,  cuando solo hay que verte a ti. ¿Qué habrá sido de tu vida? ¿Alguna vez volverás?  Lo dudo. Mejor así. Tampoco deseo que lo hagas, pero por tu bien y el del resto  podrías volver a cambiar, y a dejar de caer y caer, empezar a remontar. Ser agradable está mejor de lo que parece. Ser agradable, como muy bien sabes, está sobrevalorado. Todo empezó un domingo por la tarde en el que mi sangre había empezado a brotar...

Overrated

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Hay muchas cosas en esta vida que para muchos nos resultan más que normales y que para otros, sin embargo, están sobrevaloradas. Mejor dicho, están infravaloradas, pues no las valoran lo suficiente, quizá porque piensen que están sobrevaloradas. Reír está sobrevalorado. Saludar está sobrevalorado. Ser educado está sobrevalorado. Ser amable está sobrevalorado. Tener pensamientos propios está sobrevalorado. Discutir razonadamente está sobrevalorado. No gritar está sobrevalorado. Dar sin esperar a recibir está sobrevalorado. Estar bien está sobrevalorado. Ser humilde está sobrevalorado. Ponerse en el lugar de alguien está sobrevalorado. Admitir que nos hemos equivocado está sobrevalorado. Sonreír está sobrevalorado. El respeto está sobrevalorado. Y, como estas, infinidad de cosas más. ¿Algo que de verdad esté sobrevalorado? La felicidad. Todo el mundo desea alcanzarla de una forma desesperada y carente de sentido. ¿Qué esperan encontrar? ¿Llegar a ...

Otoño

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Hoy comienza el otoño por fin. Adoro el otoño. Bueno, en realidad adoro la primavera y el otoño. Realmente no sé muy bien el porqué, ya que no me gustan el frío, las lluvias, que esté nublado ni nada de eso, pero me encantan esos colores marrones y naranjas que cubren el suelo en esta época del año. Donde vivía antes había una plaza que daba a un paseo, un paseo lleno de árboles a los lados. Cuando llegaba el otoño, todas las hojas se caían y formaban una preciosa alfombra crujiente y mullida que daba pena pisar. A mí me la daba. Es más, cuando era pequeña iba recogiendo hojas con formas bonitas. No es que tuvieran formas raras, eran hojas más que normales, pero no estaban rotas ni pisadas, ni se rompían con mirarlas. Eran suaves, blanditas y daban ganas de mimarlas. Sí, hablo de mimar hojas, pero ya sabíais que estoy loca. Mis padres siempre acababan hartos de mis "¡mirad qué hoja tan bonita!" y de regañarme por restregármelas por la cara. Eran momentos de esos que ec...

Sabor veraniego

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Sí, bueno, más que sabor es la presencia del verano. Un verano que se está acabando de una manera terriblemente precipitada y sin consultar a nadie. Llevo en el mismo sitio de vacaciones desde finales de junio y dentro de nada, el treinta y uno de agosto, vuelvo por fin a mi casa. Y no digo que aquí no me sienta como si estuviera en casa (porque no lo hago, me siento mejor, mucho mejor), ya que llevo viniendo aquí los dieciocho años de mi existencia, pero añado un "por fin" porque todo esto me aburre. Mucho. La desidia me corroe por dentro. Pero ayer y hoy, sin embargo, he tenido unos momentos de agobio y de estrés que me han sacado de quicio. Entonces, me han hecho preguntarme si de verdad hay una parte de mí que quiere "volver" a la rutina o no. Un "volver" entre comillas porque esa rutina a la que supuestamente voy a regresar no la he llevado nunca a cabo, es totalmente nueva para mí y me asusta. Me asusta mucho. Tengo muchos miedos, sí, pero e...

Quiéreme bajo un manzano

–Aquella tarde el cielo estaba nublado, muy nublado, y nosotros no teníamos paraguas, ¿sabes? –acompañó esa frase de una leve risa que acabó en tos. Carraspeó y antes de proseguir con la historia se subió las gafas por el puente de la nariz hasta colocarlas de nuevo en su sitio–. No me río porque me haga gracia el hecho de que no tuviéramos con qué protegernos si se ponía a diluviar de repente, sino porque recuerdo todo aquello de una manera feliz, por extraño que parezca. »Nos habíamos perdido en el bosque y ya estaba anocheciendo. Ella me cogió las manos y yo la abracé. De repente, me cayeron unas cuantas gotas encima, por lo que levanté la mirada hacia el cielo, pero no era allí donde llovía, sino en sus ojos. Me sabía mal que estuviera llorando, pero de alguna manera así se liberaría de toda la tristeza que le consumía en aquellos momentos y lo único que podía hacer yo era abrazarla. »“¿No estás feliz porque estemos aquí los dos juntos?”, le dije evitando mirar directamen...