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Desconocidos conocidos

Me he planteado en más de una ocasión escribir una entrada cada día, pero hay días en los que no quieres escribir, así que la deseché al instante. Simplemente escribo cuando quiero, porque quiero y sobre lo que quiero. Hoy vengo a hablaros de esas grandes personas llamadas "desconocidos". Digo "grandes personas" por eso de que la confianza da asco y otros temas relacionados, pero no voy a entrar en eso. No al menos de momento. Cada día vemos ¿cientos? de desconocidos si tenemos suerte (sobre todo si usas el transporte público, como yo), personas que nunca vamos a conocer, que solo las vemos una vez en la vida o que las vemos todos los días pero nunca las hablaremos. Siempre he dicho que me encantaría poder ser capaz de acercarme a alguien desconocido y presentarme sin más. Empezar a charlar, a conocernos. Pero no puedo. Aparte de por mí, que me daría vergüenza, por ellos, que me mirarían como si fuera una asesina o yo qué sé. No sé, ¿qué pensáis vosotros de...

Y salimos volando

Hoy vengo a hablaros del tiempo atmosférico, ese tema que se quiere evitar por encima de todo porque se tiene como banal y carente de importancia.  Se suele mencionar algo relacionado con el tiempo cuando no se tiene de qué hablar, cuando nos quejamos o cuando salimos a la calle o miramos por la ventana. Solemos hablar del tiempo cuando hablamos de poesía y de invierno, mucho invierno. Y primavera. Y otoño. Y verano. Se habla del tiempo cuando enfermamos o creemos que vamos a enfermar. Abrígate bien, que hace frío y luego te resfrías . A la gente no parece importarle eso.  A mí me apena porque sé que no todo el mundo tiene tan buenas defensas como las mías. Mi madre dice que es porque de pequeña estando en la guardería cogí todos los virus y todas las mierdas habidos y por haber, que estuve mala durante todo un mes, se los pegué a ella y a mi padre y me recuperé tan feliz. Yo creo que también se debe a que durante un tiempo estuve tomando Actimel. No es coña, os l...

Hoy creo en el destino

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Bueno, antes que nada, quisiera aclarar que esta entrada tenía pensado escribirla ayer, pero al final no pude, mi cerebro estaba demasiado cansado, incluso para escribir gilipolleces aquí. Es por eso que el título incluye la palabra "hoy", pero no el contenido de la entrada. Y, dicho esto, procedo a contaros lo que os quería contar, mi día de ayer. En fin, todos sabemos de sobra que hay días más productivos que otros, pero todos y cada uno de ellos tienen algo, en todos ocurren cosas, solo que a veces en unos días ocurren más cosas que en otros. Pues bien, ayer fue un día de esos en los que realmente no haces nada pero te sucede de todo. Para empezar, comencé el segundo libro de una saga que llevaba varios años queriendo leer y de la cual sólo me había leído el primer libro anteriormente (dos veces). Ya desde el principio el libro me parece genial. Tengo muchas ganas de leerme la saga entera, pero sé que luego quizá me va a dar pena, aun así siempre se puede releer y...

Hola,...

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Notas de suicidio pastilleras

Ingerimos más pastillas de las que deberíamos y aun así esperamos que nos hagan efecto. Qué ilusos, ¿no? Como si unas pastillas te pudieran quitar toda la mierda, tanto física como mental, que tienes. Son como un espejismo, un glamour  (alusión a Cazadores de Sombras), un como lo veas; tampoco voy a dar más explicaciones, creo que se entiende la idea a la perfección. Bueno, se supone que pueden. Qué mal, no queremos que nos controle la gente pero les permitimos ese lujo a unos cuantos fármacos (aka drogas). Ellos deciden que no te duela. Ellos deciden que olvides, que recuerdes, que sonrías, que duermas. Ellos te dicen cuánta dosis tienes que tomar, pero no te excedas, que puedes morir; pero no te excedas, que puedes engancharte; pero no te quedes corto, que no te hacen efecto. Pero. Y seguimos consumiéndolos día tras día, pastilla tras pastilla, mierda tras mierda y tapada con más mierda. Todo esto me lleva a la idea del suicidio provocado por la ingesta de unos cuantos...

La muerte de un clavel

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El ciclo de la vida se compone de muertes en puntos concretos de éste. Así, de la noche a la mañana o a la hora del té.  A la muerte le da igual que estés cenando, bailando una jota o haciendo un graffiti, es alguien supermegaimportante, así que hasta cierto punto es comprensible. La muerte calza un Rolex de oro, chavales, y os lleva años y años de ventaja, así que no os las deis de listos intentando aparentar que sabéis más de ella que ella misma, que en cualquier momento puede chascar los dedos y que se cree el apagón. Buf, qué movida, ¿no? Imaginad que un señor o una señora viene y se os presenta diciendo "Hola, soy la muerte", así, en plan menstruación. ¿Y tú qué le dices? ¿Que vale? No sé, lo mismo hay reglas de protocolo para estos casos, pero ni idea. Sería divertido (hasta cierto punto) que la muerte fuera como en Los Sims, pero creo que incluso sería más frustrante el saber que has perdido a un ser querido solo por no haber ganado a la muerte a un jueguito a...

Con prisa sobre tu espalda

Voy pisando con prisa sobre tu espalda, sobre tu futuro perfecto de indicativo. He roto tus sueños a golpe de martillo, he partido tus dientes de un puñetazo. He bailado con la muerte, pero resulta que no estoy hecha para el baile y decidió darme plantón. Me ha dejado aquí sola, esperando, arreglada y con las perlas en la mano. He rajado tus venas, de arriba abajo, tal y como me dijiste. Me he quedado parada mientras ardía tu casa, mientras tus libros se quemaban. Esos libros que guardaban tus secretos. ¿Ahora qué? Ahora lo sabe todo el fuego. Pero el muy cretino no quiere contarme nada, por eso le he cortado la lengua. Mírala, la tengo aquí en mi mano. ¿Qué? ¿No te gustan las cicatrices? Que mires, te he dicho. ¡Que mires! Me he clavado todos los cristales de aquella ventana que rompiste a cabezazos. Me han atravesado todas esas jeringuillas que tiraste a la basura. Drogas. Drogas. Ya no me sale decir que no, es un quizás. ¿Para qué? Para nada. Es un quizás ...