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Hola, soy tu vida, que no tu menstruación

—Toc, toc. —¿Quién es? —La vida, que vengo a sucederte. Así empezó todo, una mañana cualquiera, en un hospital cualquiera, nació un niño cualquiera. O niña. No sé, nació una persona cualquiera. Le dieron un nombre, una familia, un grupo sanguíneo y un color de piel. Y él (o ella) sin pedir nada de eso. Casi le dan una religión obligada también, pero por unos pocos minutos le tocó nacer en otro país diferente. En otro continente y todo. Con costumbres diferentes. Y la comida, oh, la comida. Bueno, al principio, y si tenía suerte, tendría la misma comida que cualquier otro bebé. Y entonces vendrían todas las cosas nuevas: el primer baño, la primera papilla, aprender a caminar, el primer juguete, el primer diente (qué hijoputa, qué daño hace, ¿verdad?), la primera palabra... Y, sin saber casi ni cómo ha sido posible, tiene ya una edad para pensar, para saber que lo que hace está mal o está bien o no está o está demasiado. Que ciertas compañías son mejores que otras. Que es buen...

Vivir en un arcoiris

Hoy os voy a contar mi tarde en Aravaca.  Aravaca es un cacho de pseudociudad en un cacho de campo dentro de una ciudad. Me explico: Aravaca es una especie de pueblo en  mitad de un paraje verde y precioso en medio de Madrid, aunque supuestamente es un barrio madrileño (al menos así lo indica nuestra amiga la Wikipedia). Al parecer está lleno de pijos que viven en chalets muy bonitos y que miran a la gente con aires de superioridad y secretando 1,5 ml. de gilipollez por cada poro de su piel, pero alguno se salva. Yo, al no tener coche, tengo que hacer uso del transporte público para ir a cualquier sitio y es por esto que mi madre se ha aprovechado vilmente y me ha hecho ir a mí para no tener que coger ella el coche y para irse a comer con una amiga. Y yo no he podido quedar con un amigo para pasar el día en Madrid con él. Al menos, cosa que me ha sorprendido, mi madre me ha dado cinco euros por ir a hacer la entrega.  Odio con todo el alma hacer transbordo...

Hola, soy yo

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¿Sabías que todos los seres humanos respiramos? Sí, por muy malas personas que seamos o muchos años que tengamos, todos respiramos. Bueno, hay gente que no puede respirar por sí misma porque tiene un problema respiratorio y cosas así, pero respira igualmente. Existen personas que no solo respiran aire, que respiran momentos, canciones, palabras, que respiran días, soles, nubes. Otros, por el contrario, respiran tristeza, muerte, acertijos o, incluso, lluvia. Yo, por mi parte, me dedico a respirar sin respirar. Creo. ¿Que cómo se hace eso? No sabría explicarlo, tienes que dejar de vivir en vida para sentirlo sin sentir y es todo un lío del copón bendito y sin bendecir. Pero sé que hay cosas que necesito para hacer eso parecido a respirar, como escribir aquí cosas sin escribir, como explicar cosas sin terminar de explicarme, como cantar sin saber cantar o como ver sin mirar. Todo pro tiene su contra y toda persona define su definición poco a poco, paso a paso. Despacito. O...

Desconocidos conocidos

Me he planteado en más de una ocasión escribir una entrada cada día, pero hay días en los que no quieres escribir, así que la deseché al instante. Simplemente escribo cuando quiero, porque quiero y sobre lo que quiero. Hoy vengo a hablaros de esas grandes personas llamadas "desconocidos". Digo "grandes personas" por eso de que la confianza da asco y otros temas relacionados, pero no voy a entrar en eso. No al menos de momento. Cada día vemos ¿cientos? de desconocidos si tenemos suerte (sobre todo si usas el transporte público, como yo), personas que nunca vamos a conocer, que solo las vemos una vez en la vida o que las vemos todos los días pero nunca las hablaremos. Siempre he dicho que me encantaría poder ser capaz de acercarme a alguien desconocido y presentarme sin más. Empezar a charlar, a conocernos. Pero no puedo. Aparte de por mí, que me daría vergüenza, por ellos, que me mirarían como si fuera una asesina o yo qué sé. No sé, ¿qué pensáis vosotros de...

Y salimos volando

Hoy vengo a hablaros del tiempo atmosférico, ese tema que se quiere evitar por encima de todo porque se tiene como banal y carente de importancia.  Se suele mencionar algo relacionado con el tiempo cuando no se tiene de qué hablar, cuando nos quejamos o cuando salimos a la calle o miramos por la ventana. Solemos hablar del tiempo cuando hablamos de poesía y de invierno, mucho invierno. Y primavera. Y otoño. Y verano. Se habla del tiempo cuando enfermamos o creemos que vamos a enfermar. Abrígate bien, que hace frío y luego te resfrías . A la gente no parece importarle eso.  A mí me apena porque sé que no todo el mundo tiene tan buenas defensas como las mías. Mi madre dice que es porque de pequeña estando en la guardería cogí todos los virus y todas las mierdas habidos y por haber, que estuve mala durante todo un mes, se los pegué a ella y a mi padre y me recuperé tan feliz. Yo creo que también se debe a que durante un tiempo estuve tomando Actimel. No es coña, os l...

Hoy creo en el destino

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Bueno, antes que nada, quisiera aclarar que esta entrada tenía pensado escribirla ayer, pero al final no pude, mi cerebro estaba demasiado cansado, incluso para escribir gilipolleces aquí. Es por eso que el título incluye la palabra "hoy", pero no el contenido de la entrada. Y, dicho esto, procedo a contaros lo que os quería contar, mi día de ayer. En fin, todos sabemos de sobra que hay días más productivos que otros, pero todos y cada uno de ellos tienen algo, en todos ocurren cosas, solo que a veces en unos días ocurren más cosas que en otros. Pues bien, ayer fue un día de esos en los que realmente no haces nada pero te sucede de todo. Para empezar, comencé el segundo libro de una saga que llevaba varios años queriendo leer y de la cual sólo me había leído el primer libro anteriormente (dos veces). Ya desde el principio el libro me parece genial. Tengo muchas ganas de leerme la saga entera, pero sé que luego quizá me va a dar pena, aun así siempre se puede releer y...

Hola,...

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