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Usurpadores de vida

Lucía estaba sentada en un banco que había en mitad de aquel jardín de girasoles. El color amarillo era tan intenso que no le dejaba pensar en azul. Llevaba una mochila negra, de un tamaño más pequeño que su pulmón derecho, en la que guardaba el tabaco y el mechero y poco más. Se la quitó de los hombros, la puso en su regazo y la abrió para darse un respiro llenándose de humo. Sebastián llegaba tarde. Otra vez. Lucía miró el reloj, diminuto y marrón, en su muñeca izquierda. Ya llevaba una hora y veinticuatro minutos esperándolo. Dio una calada, y dos y tres. Miró a los girasoles y trató de contarlos. Había más de uno, y dos y tres centenares de aquellas flores tan rebosantes de vida. Su alegría contrastaba de una forma melancólica y absurda con el cadáver del corazón de Lucía. Se cogió con fuerza uno de los lados del vestido azul oscuro que llevaba. Era gasa, semitransparente, veraniego, demasiado bonito. Estúpidamente bonito. Quería romper la tela. El cigarro, entre los dedos de ...

Las perlas para las ostras

Saturno devoró a sus hijos, pero no una vez ni dos, sino infinitas. Se tragó las estrellas, las escupió y te las clavó en los ojos. "Para que tengas algo de luz", te dijo. "Para que sientas que tienes algo que brilla". (Porque en realidad no vales nada). Oculto a los ojos de los grandes, le miraste a los suyos y dijiste: "Padre, yo no quiero estrellas, quiero mares. Los ojos me lloran, no quiero brillar jamás". Lo desafiaste, te enfadaste y gritaste. Y nos ahogaste a todos en el azul.

como puñales

los pétalos de rosa se caen al suelo porque están muertos y el agua del río acaba arrastrándolos como cadáveres olvidados, como si nunca hubieran existido porque quién piensa en pétalos muertos cuando tiene flores vivas quién piensa en el sol ardiendo cuando la nieve pisa ni siquiera te preocupan las arañas que pisan poco a poco tu garganta —tu ataúd— ni siquiera las lombrices que se están comiendo tus entrañas lo de dentro nunca te ha importado lo de fuera, casi menos pero da igual, porque ya nada tiene sentido ya nada necesito porque te has ido

Make a worse situation

Saqué las llaves de mi bolsillo y aquel tintineo diabólico golpeó la puerta mientras introducía una de ellas en la cerradura. Giré tres veces hacia la derecha, deseando que Lilian no hubiera echado una vuelta más. Nada más atravesar la entrada, se produjo un golpe sordo, acaparando toda mi atención. —¿Lil? ¿Eres tú? —pregunté avanzando por el pasillo, con las llaves dentro de mi puño cerrado, preparado para golpearle a alguien en la cara si hiciera falta— ¿Lil? ¿Estás bien? Nadie respondió y yo me estaba poniendo muy nerviosa. Anduve un poco más, con sigilo, latiéndome el corazón más rápido a cada paso que daba. Intenté que nadie me oyera respirar, que nadie notara mi presencia, pero al llegar al salón me di cuenta de que lo que tenía que haber hecho era correr. Correr, gritar, llorar. Y es lo que empecé a hacer de inmediato al hallar a Lilian, mi preciosa Lilian, mi Lil, inconsciente en el suelo. Tiré las llaves y me arrodillé junto a ella, cogiéndola entre mis brazos y dándo...

espera, no eres quien yo creía

tienes galaxias entre las costillas y rubor en las mejillas tienes fuego en los dedos, junto a tus anillos (de Saturno) tienes pintura en la lengua (te vas a morir) la química dice que te vas a morir tienes torpeza e insomnio y sábanas de color negro tienes tres ovejas en una cabaña y yo no tengo nada, nada, nada tengo vida tengo vida tengo vida no, no tengo vida tengo miedo ¿te queda valor?

Holoceno

Puede que ya esté bien de tanto escribir, que ya son seis años aquí, quién lo diría: seis años sangrando. Seis años con cadenas en los pies, prisionera en un pozo lleno de ratas. Seis años de vomitar en un cubo gigante, de llorar por dentro, de apuñalarme los ojos y morderme el interior de las mejillas. Pero es que en realidad no son seis años, porque lo de escribir, lo de sangrar, lo de las cadenas y el pozo y el vomitar no son de ahora. Son de siempre. Son elementos atemporales, independientes o dependientes de mi malestar; independientes o dependientes de mi bienestar. Porque escribir siempre me ha gustado, siempre lo he necesitado, siempre me ha permitido ser libre y mejor, a pesar de que también me haya ayudado a sentirme prisionera y estar peor, pero eso no tiene nada que ver con escribir (lo primero sí). Solo quiero deciros que no voy a parar. Y da igual los metros que tenga ese pozo y lo fuertes que sean esas cadenas. Siempre habrá libertad.

Como cuando te pones un jersey de lana y te quieres morir

Si en algún momento fuimos especiales entre todas estas piedras brillantes del río, quiero saberlo. Si en algún momento las migas de pan que se depositaron sobre nuestra ropa no se cayeron al suelo y a mí se me metieron por el sujetador y por eso me picaban las tetas, quiero saberlo. Quiero saber que toda esta molestia existió en algún momento, que no me lo he inventado, que esta falta, este vacío, estas ganas, alguna vez existieron, que no me lo he inventado. Necesito saber que de verdad fui así de infeliz.