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Échame tres botes enteros

El bote de alcohol dice: "No utilizar en personas sensibles a sus componentes, ni en áreas extensas de la piel, ni durante un tiempo prolongado". El bote de alcohol dice: "Evítese el contacto con los ojos, mucosas y zonas sensibles o enfermas de la piel". El bote de alcohol dice: "En caso de contacto con los ojos, aclarar cuidadosamente con agua durante varios minutos". El bote de alcohol dice: "Mantener alejado del calor, de superficies calientes, de chispas, de llamas abiertas y de cualquier otra fuente de ignición". El bote de alcohol dice: "En caso de ingestión: llamar a un centro de información toxicológica".

the death of springtime

flowers in my ribs fire in my bones I try to sleep at night thinking of your tongue 'You don't deserve to die' you said tonight 'You don't deserve to love' is what you talked fire in my ribs flowers in my thoughts I tried to sing one day, I saw a lot of wolves 'They think I'm beautiful' I said to you 'They think I'm useful' is what I thought

Me arrancaste una costilla y no al revés

A veces, te siento bajo la piel como una aguja en un análisis de sangre, y me tengo que tumbar porque me mareo. Me pasa, sobre todo, cuando alguna canción me transporta a tus pulmones y a la guerra que había dentro de ellos. No sé cómo describirte la sensación de pánico que experimento cada vez que veo a alguien de espaldas que se parece a ti, ni el alivio que siento cada vez que compruebo que no eres tú. No sé cómo contarte que huyo de desconocidos porque llevan tu nombre. No sé cómo decirte que se me para el corazón cada vez que algo me recuerda a ti. Solo sé que cuando nos separamos, dejé parte de mí contigo (tanto que ya no sé quién soy).

Como cuando le quitas las pilas al mando de la tele

Quisiste meterme el dedo en la llaga, pero no sabías cuál de ellas elegir. Por eso, me agarraste el corazón con un puño, dejando un hueco negro y sangrante en su lugar. "Sé que esto va a matarte, pero créeme, me duele más a mí", quise pensar que dijiste. Pero sé que no lo dijiste. Blanca, como la Luna en el cielo, te miré sin comprender por qué me dolía tanto —por qué me dolías tanto—, si solo te habías llevado una parte de mí; el resto seguía entero.

Te espero con una manta que me tapa la cara para que no me reconozcas

La próxima vez que pises Madrid, ven a verme. Como cuando te dejas la nevera un poco abierta sin querer y tienes que volver a la cocina solo para cerrarla. Como cuando te tropiezas con un trozo de la acera que está roto y falta o sobresale. Como cuando buscas desesperadamente qué piezas van en las esquinas de un puzle para poder empezarlo. Como cuando subrayas todo el texto en amarillo por un acto reflejo muy absurdo que te obliga a destacar todo para que le hagas caso y confirmes que existe. Que esas palabras son reales y que no se pueden ir nunca. Pero, por favor, por favor, nunca vengas a verme como cuando se va al cementerio a cambiar las flores de un muerto, porque entonces significará que todo esto ya no existe.

No logro coger aire

A veces no puedo respirar como cuando te tragas un chicle al ir a decir algo o como cuando te entra la tos y tragas la saliva y te empiezas a ahogar. Supongo que es el mismo sentimiento que cuando pienso en cosas (gente) del pasado, el mismo nudo que se me forma ya no en el estómago, sino en el alma y en el cuerpo, cada vez que tengo que ir a algún sitio a hacer algo que creo que es importante. Es la misma forma de ahogarse que cuando estás mucho tiempo bajo el agua cronometrando cuántos segundos aguantas sin respirar, porque a veces nos gusta hacer como que morimos, pero sin llegar a hacerlo. Te juro que es lo mismo que cuando estás arriba, muy alto, en un ascensor transparente y miras abajo y ya no quieres volver a mirar nunca más. Que es igual que cuando te dan un susto y se te para el corazón, pensando, por un momento, que te has muerto. Que es similar a cuando inflas un globo y te mareas porque ya no puedes soplar más. Te digo que se parece a cuando te dan un abrazo muy fuerte y ...

Te llamo porque te echo de menos

Cogí el teléfono para llamarle. Marqué el número y apreté el botón verde, que era como si me empujaran por un barranco. Dio un tono y me lo cogió. —Te llamo porque te echo de menos —le dije, casi susurrando. La llamada se cortó. Ni siquiera le había oído respirar, pero prefería pensar que lo seguía haciendo. Volví a intentarlo. Un tono y me lo cogió. —Solo quiero saber si sigues respirando —le dije, tratando de ocultar mi angustia. Exhaló un suspiro y me colgó. Seguía respirando, así que yo también. Me puse a mirar por la ventanilla del tren. Aquel día había empezado con un cielo gris horrible, lleno de nubes oscuras que lo cubrían todo. En ese instante, había un sol tan espléndido que no pude observar el paisaje durante más de dos segundos seguidos. Volví a llamar. Un tono y me lo cogió. —Aquí hace sol —le dije—. ¿Allí hace buen tiempo? A través del teléfono, se oyeron unos pasos y el sonido de una ventana abriéndose. Lluvia fuerte y un trueno.  Y me...