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Un balazo en la yugular

Cada vez que tienes que hablar sobre cómo te sientes, te desintegras de la misma forma en la que una galleta se deshace si la aprietas demasiado con los dedos. Todas las costillas se convierten en flotantes y se te clavan en la garganta, impidiéndote hablar, decir nada. Todos los escarabajos muertos, atrapados en tu estómago, reptan por el interior de tu cuerpo hasta salírsete por los ojos en forma de lágrimas. Y solo puedes pensar en que te gustaría estar muerta, pero no tienes un seguro de decesos contratado y tu familia tendría que hacerse cargo económicamente de toda la movida.

Historias en el metro V

Más que una historia en el metro, lo de hoy es una historia en el tren, pero no deja de ser un trozo de realidad dentro de un vagón de un medio de transporte ruidoso y claustrofóbico que da igual cual sea, porque esto va sobre lo que viven las personas dentro de él y de lo que yo observo en ellas. Había una chica hoy hablando por teléfono con alguien sobre algo que le había pasado en el trabajo. No iba yo prestando mucha atención, primero porque no soy cotilla y segundo porque iba respondiendo a mis propias conversaciones y contando mis propias movidas. Pero lo poco que capté es que todos los que estaban en su trabajo habían quedado para comer porque alguien se iba (no sé si de la empresa o si de vacaciones), pero que nadie le había avisado a ella.  Por lo visto, trabaja en un departamento aparte, "lejos" del resto, y, además, está ella sola allí. Y nadie le dijo nada. Por lo visto, también, ha pillado a gente hablando mal sobre ella a veces cuando va a tomarse el ca...

We're sorry, we thought you didn't care

Una forma de empezar mal un día es bebiendo en ayunas un vaso de zumo de naranja con ron. En un momento te sientes como la mismísima Florence Welch en la parte más rítmica de «100 years» y al siguiente estás en la puta mierda porque pensabas que ibas a estar sola en casa toda la mañana, que podrías dedicarte a bailar, a cantar y ser libre y, sin embargo, escuchas cómo unas llaves atraviesan la cerradura de la puerta principal de la casa. Como si esas llaves te atravesaran el puto estómago y el ron se hubiera disipado de golpe. Como si beber en ayunas no hubiese servido para nada.

Y así está bien

Es curioso cómo después de haber pasado años con alguien en tu vida, si ya no escuchas a esa persona, olvidas cómo era su voz. Cómo te decía ciertas cosas, la cadencia con la que lo hacía. Pero lo cierto es que se empieza con la voz y luego llegan otras cosas: ya no recuerdas cómo sonreía ni cómo te hacía sonreír a ti, tampoco la forma en la que te miraba porque ni siquiera recuerdas sus ojos. No recuerdas su cara, ni su olor ni que siempre solía vestir de negro. No recuerdas que llevaba anillos ridículos, que nunca sabía qué hacer con su pelo, que te quedabas en trance cada vez que punteaba un poco con la guitarra. No recuerdas que te trataba mal muchas veces, pero que te hacía sentir muy bien otras tantas. Que te componía algunos versos y tú te los creías. Que te pintaba con mil caras que nunca habían sido tuyas. Que te decía cosas que, según prometía, no decía a nadie más. Pero que no importan porque ni siquiera recuerdas su voz, ni cómo te decía ciertas cosas ni la cadencia con la...

These spaces where people used to be

A veces creo que echo de menos tener astillas en el corazón y zumo de limón en los padrastros. Pero resulta que se está muy bien sin respirar bajo el agua: no tienes que pensar.

Supongo que en el fondo todo sigue un poco regu

Cuando escucho esta canción, me acuerdo de ti; pero es que cuando escucho esta otra, también. Y también me pasa con esta otra y con una especie de entrevista que vi ayer. No sé, que me cago en tu puta vida. Que todavía no sé dónde están los trozos de mí que ya no están conmigo porque tampoco creo que estén contigo. Que qué hiciste con mi piel, pero algo mucho más importante: que qué hiciste con lo de dentro.

Tengo algo en la piel y se llama herida

Durante bastante tiempo, llegué a pensar que me había enamorado de ti. En lugar de pensar que era algo bueno, me sentía desgraciada. Me preguntaba que por qué yo, por qué a mí. Pero la pregunta más horrible de todas las que me hacía era que si estaría a tu altura. Me menospreciaba en comparación contigo. Si estoy enfadada con alguien aparte de contigo, es conmigo. Por haberme tratado así. No me merecía ciertas cosas de ti, pero de mí, menos. Solo yo sé lo que sentí porque para ti nada tenía sentido. Yo estaba loca. Yo era el problema. Tú, la víctima. Yo, el vampiro. Tú, la nada. ¿Quién se va a enfadar con la nada? No tiene sentido. No puedes enfadarte por algo que no existe con alguien que no existe. Yo me decía a mí misma que todo era mentira, que en realidad nunca me había enamorado de ti. A día de hoy todavía no estoy segura de nada, solo de que no quiero volver a tenerte aquí, en mi vida. Y a veces me da por pensar en hablarte un día y volver a vernos de nuevo, pero si antes no lo...