Vengo a escribir aquí como quien sabe que va a morir pronto. No lo niego. No lo pospongo. Tampoco acorto el tiempo para que ocurra antes. «Lo que tenga que ser, será». Veo el fin inminente. Eso ahora mismo. Luego veré otra cosa, probablemente. Soy demasiado optimista. Me gustaría poder rendirme, pero no he sido configurada con esa función. Una pena, aunque mucho menos grande que la que siento ahora. Veo el colapso del mundo, el mío personal y el de todos, con frustración por no poder hacer nada y al mismo tiempo sin ganas de hacerlo aunque pudiera. No me quedan fuerzas y sin embargo aquí sigo, respirando y todo eso que a una la hacen parecer viva. El mejor truco del mundo y os lo creéis una y otra vez. Yo incluida.
Llevo un tiempo (muy largo) desquiciada con la idea de escribir, pero no escribo. De terminar de una vez por todas una especie de novela corta (muy corta) que empecé en 2015 (ya está bien), pero la empecé a escribir a modo de terapia de muchas cosas que viví en los años previos y ahora me siento tan alejada de eso que no sé cómo continuar sin sentirlo totalmente falso. Tampoco contemplo la idea de hacer borrón y cuenta nueva, empezarla de cero, porque entonces no la escribiría, pero realmente la quiero terminar. Mi problema principal es que nunca sé cómo acabar una historia porque no la planifico. Empiezo con un principio muy claro, revelador, un desarrollo interesante ¿y luego? La nada. Me atasco. Hay escenas que sé que quiero contar, solo tengo que encontrar el modo de llegar hasta ellas, pero el final no está claro. Valoré varios en su día. No llegué a ninguna conclusión. Hay un trozo que no sé si quitarlo porque es horrible (no porque esté mal escrito, sino por lo que narra), pero ...
Esto que ha pasado hoy es algo que normalmente le pasa a la gente, pero no a mí. Es algo ajeno, pero no mío. Quizá por eso lo siento distante. Quizá por eso me siento ausente. Ojalá estar ausente de verdad, ser humo, porque así no me partiría este dolor en trozos con la fuerza de mil rayos. Así no me sentiría rota por tres mil sitios a la vez. Me ahogo con mis propios mocos por el llanto que me consume cada noche desde hace varias, pero hoy ha sido la peor, la definitiva (como si no fuera a volver a hacerlo nunca más; no sé a quién quiero engañar). Estoy muy saturada, sobrepasada, y ni siquiera es tanto por lo que ha pasado (no me atrevo a escribirlo aquí abiertamente), que obviamente también, sino por ciertas personas. Está siendo todo demasiado insoportable, devastador. Sí, esa es la palabra: devastador. Me siendo devastada. Incapaz de continuar con mi vida como si nada y al mismo tiempo agarrándome a la idea de retomar la rutina como si fuera un clavo ardiendo. Me estoy tomando una ...
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